Trabajar el arte contemporáneo, intentar entenderlo, conocerlo y lo más difícil quizás, para el gran público, crear una necesidad. Juana de Aizpúru con la sabiduría e inteligencia de la gurú madre en estas lides dice que son los artistas los únicos que saben de arte. Los demás solo lo intentamos. Todo hay que pelearlo, y ver arte, también.

Que ARCOmadrid se ha convertido en la gran cita del año para todo aquel que se precie de conocer un poco el arte contemporáneo ya desborda IFEMA. Hace tiempo que espacios, fundaciones y museos se han subido al carro de la feria y hoy hay más de lo que se puede abarcar. La capital se inunda por unos días del público más variopinto deseosos de mirar (y unos pocos privilegiados de comprar) lo que se cuece. Al final una feria no deja de ser eso, un lugar de reunión, mercado de mayor importancia que el común en días señalados. Según parece, ahora no se compra en galerías sino en ferias.
Perú invade Madrid. Está de moda, y lo malo de las modas, es que pasan, aunque en este caso sirva de criba para quedarnos con lo que consideremos bueno, o al menos, con lo que nos guste.

El logotipo, como inicio, resulta de lo más eficaz. Estrenado en 2011, crea una perfecta huella y un símbolo de identidad, en alusión a las líneas Nazca y a lo incaico. Recoge mucho de lo que sus artistas contemporáneos trabajan: el apego a la tierra, la geografía, el paisaje, la tradición… y se ha visto en ARCO.

Es precisamente el textil, la cerámica y los materiales terrícolas en todas sus versiones lo que ha primado este año en la feria. Desde la exposición del país invitado a los telares de mujeres marroquíes de Teresa Lanceta, los brocados de la avant garde de Rosefield, los fieltros sonoros de Jonathan Monk, al trabajo de Lara Almarcegui y sus Materiales de construcción o los vidriados en denuncia a nuestros patrones de consumo de Patricia Camet.

Por suerte, parece que la escatología va desapareciendo progresivamente del panorama actual, aún en revisionismos déjà vu como el de Stephan Balkenhol en Teresa, digna de que Bernini se remueva en su tumba. Si con la Iglesia hemos topado, mucho más interesante es Réquiem de Carlos Motta en «Diálogo» con la obra de David Wojnarowica por el compromiso con la normalización de la identidad sexual.
Los clásicos tampoco faltan, los grandes españoles del siglo XX, un poquito de Op, una escultura de Baltasar Lobo, un par de Dibujos Merz de Kurt Schwitters para tener dinero y un Secundino Hernández, adquirido por la Masaveu antes de ser visto por el común de los mortales. A su lado, el homenaje a Millares de Fernando García. También, como no, los de siempre, molestando al resto de galerías y artistas, a la espera que la prensa les haga el caldo gordo.

¿Por dónde irán los tiros a partir de aquí? Ya normalizada la ciencia, la artesanía, la identidad sexual, el feminismo, los procesos constructivos…, parece que se vislumbra un panorama en que la cuestión del trato animal va a ser protagonista. Este año lo hemos visto en Ornamentos materiales para un matadero de Manuel Franquelo-Giner y ya hablamos de Biolencia como próximo motivo para la denuncia. Imposible no recordara a Adolf Loos.

Ornamentos para un matadero (fragmento), Manuel Franquelo-Giner , Twin Gallery. Imagen del artista
y como hablar de dinero es una ordinariez, sobre todo cuando no se tiene para comprar nada de lo expuesto, me quedo con la reflexión sesuda e inteligente de El Roto.

Ah! En el post anterior decía que la obra elegida como imagen destacada estaría en ARCOmadrid, así se indicaba en el catálogo de la feria. En el stand de la Krinzinger me explican que puede traer cualquier obra del mismo artista, no necesariamente la que destaquen en catálogo. Entono el mea culpa.
Imagen destacada: Secundino Hernández, Untitle, 2018, en Galería Heinrich Ehrhardt , ARCOmadrid 2019.
En el estante:



